Andrea, su hermano y la leche de los muertos

Hay historias que cualquier político quisiera mantener lejos de una campaña y esta seguramente es una de ellas. Andrea Chávez lleva tiempo construyendo su camino dentro de Morena y buscando crecer en Chihuahua. Su nombre está metido de lleno en la conversación estatal, solo que esta vez el problema no llegó directamente por ella, sino por su hermano.

Gregorio Chávez Treviño estuvo al frente de Liconsa en Chihuahua durante operaciones de 2023 que terminaron bajo la lupa de la Auditoría Superior de la Federación. Lo encontrado no es cualquier cosa. La ASF documentó pagos por un millón 26 mil 900 pesos a nombre de dos proveedores relacionados con la compra de leche fresca que ya habían fallecido. Uno murió el 5 de febrero de 2023 y el otro el 4 de marzo. Aun así, en los registros aparecen pagos posteriores a sus fallecimientos.

Dicho como se platica en cualquier mesa: estaban muertos y el dinero siguió caminando.

El asunto salió al cruzar la información de los proveedores con registros oficiales. Los nombres aparecían recibiendo pagos y las fechas simplemente no cuadraban. La auditoría encontró además otras observaciones relacionadas con proveedores y el precio de garantía que deberán ser aclaradas mediante los procedimientos correspondientes.

En Chihuahua, inevitablemente apareció el nombre de Gregorio Chávez, hermano de Andrea.

Aquí tampoco se trata de aventarle a Andrea un costal que no le corresponde. Ella no administraba Liconsa y la auditoría no establece que haya autorizado esos pagos, recibido ese dinero o participado en las operaciones observadas. Cada quien debe responder por sus propios actos y será Gregorio quien tenga que aclarar lo relacionado con su gestión ante las autoridades correspondientes.

El problema para Andrea está en otro lado.

Los apellidos suelen pesar bastante en la vida pública. Pesan para abrir puertas, para construir relaciones y para llamar la atención. Resulta complicado pedir que dejen de pesar justo el día que aparece un problema.

Eso no convierte a un familiar en responsable de lo que haga otro. Tampoco vuelve irrelevante el asunto para alguien que busca ocupar espacios cada vez más importantes.

Andrea ha construido su carrera dentro de un movimiento que llegó al poder hablando de combatir privilegios, corrupción e impunidad. Ese discurso obliga a utilizar la misma vara para los adversarios y para los cercanos.

Ahí está el verdadero asunto.

No tendría sentido que Andrea saliera a condenar a su hermano antes de que las autoridades determinen responsabilidades. Mucho menos tendría sentido convertir una auditoría en una sentencia. Lo que sí puede esperarse de cualquier figura pública que presume una manera distinta de hacer las cosas es algo bastante sencillo: que se investigue todo, que se aclare todo y que responda quien tenga que responder.

Sin importar el apellido.

Un millón de pesos registrado en pagos a nombre de dos personas fallecidas merece una explicación clara. Quién autorizó, cómo pasaron los controles, dónde terminó el dinero y qué ocurrió dentro de Liconsa son preguntas que no deberían desaparecer entre comunicados, pleitos partidistas o campañas.

Gregorio tendrá oportunidad de responderlas.

Andrea tiene una bronca diferente. Ella tendrá que decidir cómo pararse frente a un asunto incómodo que toca directamente a su familia justo cuando su proyecto político sigue creciendo.

Puede tomar distancia y esperar que el tema se apague. Puede defender a su hermano. Puede señalar que ella no tuvo participación alguna, algo que hasta ahora no está acreditado en sentido contrario. O puede asumir una postura mucho más sencilla: que se investigue hasta donde tenga que llegar y que nadie reciba trato especial.

Eso último sería congruencia.

Las observaciones de la ASF están ahí. Las responsabilidades todavía deberán determinarse. Nadie debería adelantar una condena, igual que nadie debería intentar borrar las preguntas.

Andrea no escogió que su hermano apareciera en esta historia. Tampoco tiene que cargar automáticamente con lo que las autoridades lleguen a determinar sobre él.

Lo que sí está en sus manos es decidir qué hace una aspirante que habla de transformación el día que las preguntas dejan de apuntar hacia los adversarios y llegan hasta la puerta de su propia casa.

Andrea no tiene que responder por las cuentas de su hermano. Gregorio sí tendrá que aclarar las suyas. Ahí se sabrá si la vara con la que Morena mide a los demás sirve igual cuando el apellido está mucho más cerca.

PARATUS

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