Hay declaraciones que duran un ciclo de noticias. Otras consiguen algo mucho más relevante: abrir una discusión que trasciende el momento y se instala en el terreno de las definiciones políticas.
Eso ocurrió con la propuesta del alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, de vender la Torre Centinela al Infonavit en caso de llegar a la gubernatura. Más allá de la viabilidad técnica, financiera o jurídica de una decisión de esa magnitud, la declaración colocó sobre la mesa un debate que probablemente volverá a aparecer en los próximos meses.
La Torre Centinela dejó de ser únicamente un edificio desde el momento en que fue presentada como uno de los proyectos más representativos de la estrategia estatal de seguridad. Su dimensión, su costo, su ubicación y el simbolismo que la rodea la convirtieron en algo más que infraestructura pública. Se transformó en una obra asociada directamente a una visión de gobierno.
Por esa razón, cualquier postura a favor o en contra genera atención inmediata.
Lo interesante es observar lo que hay detrás del mensaje. La declaración no parece enfocarse exclusivamente en el destino de un inmueble. También plantea una conversación sobre prioridades. Seguridad, vivienda, inversión pública, tecnología, desarrollo urbano y modelo de gobierno son conceptos que aparecen de manera inevitable alrededor de este debate.
A medida que se acerca el 2027, resulta natural que los actores políticos comiencen a marcar diferencias. Algunos lo harán mediante propuestas. Otros mediante resultados de gestión. También habrá quienes opten por cuestionar proyectos emblemáticos para dejar claro que, de llegar a una posición de mayor responsabilidad, tomarían decisiones distintas.
Eso forma parte de cualquier proceso democrático.
Lo relevante es que la discusión ya no gira únicamente alrededor de quién podría competir o quién podría aparecer en una boleta. Poco a poco comienzan a surgir señales sobre cómo gobernaría cada perfil, cuáles serían sus prioridades y qué proyectos respaldaría o modificaría.
La Torre Centinela se convirtió, quizá sin buscarlo, en uno de esos puntos de contraste.
Por ahora, el debate permanece abierto. Habrá quienes consideren que representa una inversión estratégica para la seguridad del estado. Otros sostendrán que existen necesidades distintas que merecen mayor atención. Ambas posturas encontrarán respaldo entre distintos sectores de la sociedad.
Lo que parece indiscutible es que la conversación ya dejó de ser exclusivamente sobre concreto, acero o tecnología. Hoy también habla de visiones, prioridades y modelos de gobierno.
Y ese tipo de discusiones suelen adquirir cada vez más relevancia conforme se acercan las decisiones importantes.
Porque las contiendas del futuro no comienzan el día de la elección; empiezan en el momento en que alguien decide cuestionar los símbolos que representan al presente.
PARATUS.
