El futbol terminó llevándolo a uno de los escenarios más grandes del mundo, pero cuando Vozinha, histórico portero de Cabo Verde, comenzó a recibir sus primeros ingresos como jugador, su prioridad estuvo lejos de los lujos: ayudar a construir la casa de su madre.
El camino del guardameta caboverdiano tampoco fue convencional. Su carrera profesional comenzó relativamente tarde y tuvieron que pasar varios años antes de encontrar estabilidad dentro del futbol.
Cuando finalmente empezó a recibir dinero por jugar, decidió destinar parte de aquellos primeros ingresos a su familia, particularmente a su madre y su abuela, dos figuras fundamentales durante los años en los que el futbol todavía estaba lejos de garantizarle un futuro.
Para Vozinha, aquel dinero representó la posibilidad de devolver una parte del esfuerzo realizado por quienes permanecieron junto a él antes de los estadios llenos, la selección nacional y el reconocimiento internacional.
Con el paso de los años, el arquero terminó consolidándose como una de las figuras más representativas del futbol de Cabo Verde, defendiendo durante años la portería de su selección.
Su historia todavía tenía reservado un capítulo especial.
A los 40 años, Vozinha alcanzó el escenario que durante buena parte de su carrera parecía lejano: el Mundial de 2026, después de que Cabo Verde consiguiera por primera vez su clasificación a una Copa del Mundo.
Su madre, la misma mujer a quien ayudó a construir su casa cuando apenas comenzaba a recibir ingresos como futbolista, enfrentó inicialmente dificultades relacionadas con su visa para poder acompañarlo.
Entre aquel primer sueldo y alcanzar un Mundial pasaron años de esfuerzo, partidos y obstáculos, pero la historia del guardameta conserva un mismo punto de partida: la familia estuvo primero.
Algunos futbolistas recuerdan su primer sueldo por el automóvil, reloj o lujo que pudieron comprar.
Vozinha lo recuerda por la casa que ayudó a construir para su madre.
