Rumbo al 2027 hay algo curioso en Chihuahua. Cada vez aparecen más nombres de personas interesadas en competir por diferentes cargos y, entre tantos aspirantes, comienza a darse una situación que vale la pena observar: algunos quieren entrar a una carrera en la que buena parte de la gente todavía ni siquiera sabe quiénes son.
Y eso sí es un problema.
No hace falta revisar una encuesta para comprobarlo. Basta sacar algunos nombres en una comida, en una reunión de amigos, en el trabajo o con cualquier persona que no esté metida todos los días en temas públicos. Con unos la reacción es inmediata: los conocen, tienen una opinión sobre ellos, buena o mala, y saben más o menos qué han hecho. Con otros aparece la pregunta más complicada para cualquier aspirante:
“¿Quién?”
Ahí empieza todo.
Antes de pedirle a alguien que vote por ti, necesitas conseguir algo mucho más elemental: que sepa quién eres. Después viene una tarea todavía más complicada, lograr que le caigas bien, que crea en lo que haces y que encuentre alguna razón para confiar en ti.
Son escalones distintos.
Ser conocido no significa ser querido. Ser querido tampoco significa tener asegurado un voto. Y si todavía no se alcanza ni siquiera el primer escalón, pensar en llegar hasta el último requiere bastante imaginación.
Eso es algo que a veces se pierde dentro de los equipos. Entre reuniones, fotografías, publicaciones, entrevistas y gente diciendo que todo marcha muy bien, se puede generar la sensación de que un personaje ya está instalado en la conversación de toda la ciudad.
Luego uno sale a la calle y descubre otra realidad.
La mayoría de la gente no pasa el día pensando en quién será candidato. Tiene trabajo, familia, pagos, tráfico, escuela, seguridad y cientos de asuntos antes de ponerse a revisar quién levantó la mano para el 2027.
Por eso hacerse conocido cuesta.
Ganarse el cariño cuesta todavía más.
Y conseguir confianza suficiente para recibir un voto es otra historia.
Habrá quienes tengan tiempo para recorrer ese camino. Seguramente algunos crecerán y terminarán convirtiéndose en opciones competitivas. También habrá otros que descubrirán que una cosa es aparecer en la lista de aspirantes y otra muy diferente aparecer en la cabeza de los ciudadanos.
Ahí estará una de las mediciones más interesantes rumbo al 2027.
No quién quiere.
Querer, quieren muchos.
La pregunta es cuántos ciudadanos saben que quieren, cuántos los conocen y, sobre todo, cuántos estarían dispuestos a acompañarlos.
Una candidatura puede comenzar levantando la mano. Una elección comienza mucho antes: el día que la gente aprende tu nombre y encuentra una razón para recordarlo.
PARATUS
